¿Tienes el síntoma del intestino permeable?

   Me gusta   
¿Tienes el síntoma del intestino permeable?
{{count_hearth}}   Me gusta {{count_share_total}}  
{{slide.position}} / {{slide.length}}
  • Una pared intestinal sana

A menos que vivas en una cueva, habrás notado que el intestino y la digestión son como Beyoncé: trending topic mundial. Pero a tenor de lo que pulula por Internet (“la leche es tu peor enemigo”, “no tienes que tomar azúcar”, “el agua del grifo te va a matar”…) lo cierto es que teníamos bastante cacao mental sobre cómo funciona el cuerpo y, por lo tanto, sobre lo que se debe o no comer para estar como una rosa. Así que hemos hecho lo que hay que hacer en estas circunstancias: remitirnos a la ciencia.

En nuestro caso, la “ciencia” son dos libros sobre digestión con sus recetas para "comer sucio" que hemos pillado en el VIPS: "Todo está en tu digestión", del Dr. Axe y "La clave está en la digesión" de Lene Kudsen. Bueno, y también un episodio de Érase una vez la vida (cada cual con sus referencias). Pero como sospechamos que no te da la vida, nos los hemos leído de cabo a rabo y los hemos resumido para que tú solo tardes 5 minutos en aprender lo básico sobre cómo funciona la digestión, qué es el “síndrome del intestino permeable” y cómo curarlo.

¡Ojo! No somos médicos y lo que decimos a continuación tiene el mismo rigor científico que el de una clase que te daría tu mejor amiga (según los casos: inexistente o nivel frikaza). Así que avisa de nuestras (muuuuchas) limitaciones a los amigos con dolor de tripa a los que les reenvíes esta clase magistral. ¿Empezamos?

¿CÓMO FUNCIONA EL SISTEMA DIGESTIVO?

El sistema digestivo es un tubo que va de la boca al trasero. Está compuesto de diferentes partes, cada una con una función precisa y en él viven miles de millones de microorganismos (y no exageramos). Si estás sano, el proceso entero de digestión dura entre 24 y 72 horas. Así que si tardas más en ir al baño, ¡no es que seas una princesa!

Descárgate el gráfico del sistema digestivo que es súper mono

 

Vamos por partes, de arriba a abajo:

  • La boca: al masticar, cortamos los alimentos en pequeños trocitos. Las enzimas que contiene la saliva (producimos 1 litro al día) son las encargadas de empezar la digestión química. Por lo tanto, tu madre tenía razón: ¡mastica! Cuanto más mastiques, mejor, porque evitas que trozos de comida no digerida lleguen así al colón y se conviertan en un bufé libre para las bacterias malas.
  • El esófago: La comida llega al estómago a través del esófago. No bebas al mismo tiempo que tragas porque el líquido diluye las enzimas. De nuevo: ¡gracias, mamá!
  • El estómago: Las paredes del estómago “trituran” los alimentos junto a los jugos gástricos, permitiendo liberar los nutrientes necesarios para el cuerpo y destruir las bacterias malas. En este momento la comida es como una pasta semi-líquida llamada quimo. 
  • El páncreas, el hígado y la vesícula biliar secretan jugos digestivos que ayudan a la descomposición de los alimentos para poder extraer los nutrientes.
  • El intestino delgado: La parte más importante es la pared intestinal porque permite, por una parte, la absorción de los nutrientes en la sangre (los “buenos”), y por otra parte, ejerce de barrera contra toxinas, alérgenos, parásitos, levaduras, etc. (los “malos”). Si las cosas van bien, el 90% de los nutrientes se absorben aquí.
  • El intestino grueso (o colon, es lo mismo): Lo que queda de la comida (fundamentalmente fibra) llega al colon donde millones de bacterias la fermentan para producir comida rica para las células del colon. Lo demás es deshecho y llega al culete en forma de… ¡caca!

¿Y QUÉ PASA CUANDO NO VA BIEN LA COSA?

Para que nos entendamos, cuando la pared intestinal funciona bien es como un portero de discoteca: deja pasar a los buenos (los nutrientes) e impide la entrada a los malos (sustancias nocivas). Los encargados de cumplir esa función son los “enterocitos”, las células que componen la mucosa de la pared intestinal. 

Una pared intestinal sana

Descárgate este GIF de la pared intestinal: te vas a enterar mucho mejor

Normalmente, los enterocitos están muy juntitos entre ellos; solo dejan un ínfimo espacio por el que pasan los nutrientes hasta la sangre. Pero cuando esa unión se agranda demasiado y el intestino se vuelve permeable (¡alerta!) entra todo pichi: nutrientes pero también toxinas, microbios, pedacitos minúsculos de comida sin digerir que pasan directamente al torrente sanguíneo… y el sistema inmunitario se pone los guantes (libera anticuerpos) para neutralizar a los invasores.

Esto es lo que pasa cuando se tiene el intestino permeable

No hay ningún problema si eso sucede ocasionalmente: es una manera de deshacerse de sustancias perjudiciales ya que al entrar en el torrente sanguíneo, el sistema inmunitario se activa y lucha contra ellas. El problema es cuando el intestino se vuelve crónicamente permeable, es decir cuando las “compuertas” entre los enterocitos se quedan abiertas de par en par, porque en ese caso el sistema inmunitario se queda en modo encendido perpetuamente y… dispara anticuerpos a ciegas, incluyendo los tejidos del propio organismo, creando enfermedades autoinmunes (celiaquía repentina, alergias, colon irritable, y enfermedades más graves como Crohn, etc.).

PERO, ¿QUIÉN ES EL CULPABLE?

Quién... o quiénes, querido Watson… El mecanismo es muy complejo –recordamos que los estudios de medicina digestiva duran mil años y que unas pobres servidoras han estudiado derecho, ingeniería, audiovisuales y políticas- pero básicamente se conocen 3 causas: 

  • los genes (sorry), aunque solo explican el 5% de los casos
  • la proliferación de bacterias malas. Para que te hagas una idea, en un organismo sano el 85% de la flora intestinal está compuesta de bacterias buenas o neutras y el 15% de malas. Las bacterias buenas mantienen a raya a las malas, ayudan a metabolizar sustancias (por ejemplo, la vitamina K o el ácido fólico) y permiten que la pared intestinal sea fuerte. Pero las bacterias buenas pueden ser destruidas por agentes malignos. Entiéndase: el abuso de fármacos (los peores, los antibióticos, pero el ibuprofeno anda ahí ahí), los desinfectantes de manos, los productos de limpieza químicos, el estrés, etc. En ese momento, las bacterias malas aprovechan el vacío cual peli de supervillanos y hacen proliferar levaduras, cándidas, parásitos, etc., a la vez que toman el control de los enterocitos, dejando "las compuertas" de la mucosa intestinal abiertas de par en par... y desencadenando reacciones inmunológicas extremas. 
  • el gluten, porque desencadena la producción de zonina, la única proteína conocida que causa “apertura de compuertas” entre los enterocitos. Un poquito, no pasa nada pero como ahora tooooodo lleva gluten...

OYE, PERO ¿YO TENGO EL SÍNDROME DEL INTESTINO PERMEABLE?

No tenemos ni idea, ¡¿cuántas veces hay que decir que no somos médicos?! Solo somos devotas lectoras de libros de divulgación científica (y un poco de auto-ayuda también, lo sentimos :). Pero por lo que hemos leído, algunos de los síntomas son cándidas (cuando te pica el chichi), gases, estreñimiento o diarrea, tener la lengua blanquecina después de comer carbohidratos, migrañas, alergias, cansancio crónico, asma, eccema, acné adulto (¡maldito!), ganas de comer azucarado, ovarios poliquísticos, artrosis, depresión, ansiedad y en general enfermedades del sistema inmunológico que pueden llegar a ser más graves (la repera, vamos).

En su libro el Dr. Axe (“para hombre”) propone un test de síntomas. Lo puedes hacer online por aquí (ojo, está en inglés). Aunque realmente lo mejor es consultar con un médico de verdad, ¿no?

Test para saber si tienes el síndroma del intestino permeable

¿CÓMO SE CURA?, SEGÚN EL Dr. AXE ("PARA HOMBRE"... NO LO PODEMOS EVITAR)

En su libro explica que tenemos que volver a llenarnos de bacterias (buenas) y para ello, debemos exponernos a microdosis diarias de suciedad, lo que él llama “comer o vivir sucio”. Para ello, propone: 

  • Andar descalzo, abrazar al perro, cuidar las plantas, comprar las verduras con más tierra del mercado, fregar platos (en vez de lavavajillas), nadar en el mar, no usar jabón antibacteriano…
  • Comer alimentos llenos de bacterias buenas (los probióticos): kéfir, yogur, vinagre de manzana, chucrut (cuanto más ricos en probióticos, mejor)
  • Comer orgánico y local 
  • Limitar (¿suprimir?) el consumo de gluten (que abre las compuertas de la pared intestinal). Ojito que hay gluten escondido en fiambres, chicles, patatas fritas de bolsa, cubitos de caldo, salchichas, e incluso en la ginebra, soooooorry!
  • Echarle aceite de oliva en la ensalada, pero cocinar con aceite de coco virgen extra (refuerza el sistema inmunitario y puede usarse a todas las temperaturas sin cambiar).
  • Huir de la comida procesada (azúcar = malo ya que alimenta a las bacterias malas), o ultrapasteurizada (la leche no es mala en sí, el problema es la composición de la leche comercial, la pasteurización que destruye las bacterias malas pero las buenas también).
  • Reducir el estrés (el estrés ayuda a que las bacterias malas proliferen) con masajes, aceites esenciales, cantando 10 minutos al día, 
  • Tomar fármacos solo cuando sea necesario (no confundir con suplementos buenos como el colágeno, el regaliz, enzimas digestivas…).

Si quieres saber más sobre cómo funciona el sistema digestivo, qué dieta concreta y suplementos se recomienda comer según tu tipo de intestino y recetas bastante sencillas que puedes hacer, encontrarás aquí su libro. Y si no te has enterado de nada, te recomendamos esto.

Por último: ¿te interesaría recibir más newsletters sobre teorías interesantes, productos desestresantes y libros impactantes que pueden ayudar a vivir mejor? Déjanos tu email por aquí y, si hay quórum, lanzaremos una newsletter periódica (separada de la que mandamos con nuestros chivatazos, eh) con ideas prácticas para sacarle más chicha al 2017 a todo los que se apunten por aquí.

Enviar por mail Únete al Club
Enviar por Whatsapp